Frambuesa

Fecha llegada: 24-8-15

Frambuesa apareció en la calle con 5 meses y los dos fémures rotos. No se sabe cómo ni porqué, pasó dos días en una comisaría hasta que la recogió el centro municipal donde la conocí, y al que entré a trabajar como veterinaria de urgencias, yo entraba de noche, tan sólo me dijeron saca a esta perra a pasear y le das de cenar, estaba en la enfermería pero nadie me dijo qué le pasaba. Cuando cogí algo de confianza pregunté por su caso, porqué ella no estaba en un chenil con los demás perros, y me enseñaron la radiografía. En ese momento me dijeron el tratamiento que la tenía que haber dado desde el primer día para el dolor, y cada vez que la veía saltar se me caía una lágrima de pensar en lo que le tenía que doler, insistí para que hicieran algo por ella, que la operasen cuanto antes, nos jugábamos su futuro, pero era agosto, los veterinarios con los que se colaboraba estaban de vacaciones y, bueno, ella era una PPP, por eso la llamaban Esperanza, nadie creía que ella pudiese tener un final feliz.

Finalmente, y un mes después de entrar a este centro la operaron, sin trasladarla a ningún quirófano, en la misma perrera, sin hacer una radiografía para ver cómo estaban esos huesos un mes después, así la abrieron y cerraron sin hacer nada. Yo trabajaba una semana de noche y la siguiente iba dos días a revisar a los animales de día, y ahí me encontré a Esperanza, con la pierna como un botijo, pinché y salíeron casi 100ml de sangre, llamé al traumatólogo, me contó lo que habían hecho y me dijo que no me preocupara por el “hematoma”, que ya se le pasaría y que mirarían para volver a operarla más adelante.

Viendo el horror que estaba viviendo, decidimos sacarla de ahí, con el beneplácito de todo el personal, puesto que todos sabían cómo iba a acabar. Según la sacamos fuimos corriendo a un traumatólogo de confianza a revisar las opciones que nos quedaban después de la escabechina que le habían hecho, y no había opciones ya, consultamos a dos traumatólogos más y a otros compañeros veterinarios que tenían experiencia en fracturas, obteniendo la misma respuesta: después de esa cirugía, volver a operar era arriesgarse no sólo a no poder recolocar sus huesos, si no a dejar sus músculos dañados de por vida.

A día de hoy, pese a tener las patas fatal, Frambuesa mantiene una buena musculatura, y puesto que tiene el umbral del dolor muy alto, puede llevar una vida prácticamente normal. Cada día hacemos ejercicio con ella para que no se atrofie y cuando podemos bajamos con ella hasta Madrid para darle láser, y que recoloquen sus contracturas y corregir los ejercicios que hacemos.

“Soy la Frambu, me encanta dar besos y lanzar pirañitas con mis dientes, la gente cuando conoce mi historia me miran con pena, pero si no la conocen mi miran con miedo, mi cabeza gorda dicen que es peligrosa pero a mi me gusta usarla para golpear vuestras cabezas con todo mi amor!”

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